domingo, 17 de febrero de 2013

Lo que son las cosas

Qué huevada, ¿no? En el buen sentido, qué huevada. Uno se alucina en una coraza indestructible y antiromántica y, cuando menos se lo espera, después de un viaje en taxi, se da cuenta que se ha tomado el vino más raro que encontró y que está escribiendo, al borde de las cinco de la mañana, un correo que tal vez nunca va a conocer el botón Enviar. Pero así sucede sin que uno se dé ni la más mínima cuenta. Para bien o para mal. Lo que son las cosas.

"Te quiero porque me gustas.
Porque eres cómoda cuando cuando me das la mano, cuando te apoyas en mi hombro.
Porque la primera vez que te besé sentí que ya lo había hecho antes.

Te quiero porque cuando te di mi primera especie de carta me dijiste que habías sentido como si leyeras a Cortázar y eso es algo que nadie me había dicho nunca.
Porque me haces escribir y ser más detallista en cada palabra que uso y en cada forma que dispongo mis palabras.

Te quiero porque hay combinaciones de palabras que, si salen de tu boca, son las mejores frases que puedo oír.
Porque me dijiste un 'te amo' un jueves.
Porque pocos minutos después de un jueves me dijiste en un taxi que querías vivir conmigo.

Te quiero porque me sorprende que después de un día feo de trabajo en vez de hacer un viaje de veinte minutos para descansar en tu casa, elijas hacer un recorrido de casi una hora para verme y volver a tu casa más tarde y más cansada.

Te quiero porque antes eras imposible e inalcanzable y ahora hay veces que duermes a mi costado.
Porque te he escuchado roncar.
Porque me has tenido dormido y roncando y no me despertaste para nada.
 

Te quiero porque no te da miedo ir hacia mi pecho cuando estás cansada o estás triste o a punto de llorar.
Porque me ofreces tu abrazo si es que yo soy el que está triste.
Porque me abrazas si es que lloro.

Porque me has hecho regalos que no esperaba.
Porque me has hecho hacer cosas que no me imaginaba haciendo.
 

Te quiero porque tu compañía es la mejor excusa para cualquier cosa, y viceversa.
 

Te quiero porque viceversa.
 

Te quiero porque te quiero y no se me ocurre que ahora pueda ser de otra manera.
 

Te quiero porque aún sin todas estas razones yo igual te seguiría queriendo..."

Y entonces, anónimamente,  mariconamente, uno se ahorra todas las explicaciones y los juicios y se guarda el producto de esos febriles quince minutos. Así nomás. Y así nomás uno se va a la mierda, que no es tan mala.

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