Y entonces te atreves a preguntarme por qué. "¿Por qué?". Yo me pregunto entonces,
porque tengo el derecho de hacerlo, por qué me preguntas eso.
¿En serio
no sabes por qué quiero besarte y apachurrarte en un abrazo? Mira, chiquita , que puedo ponerme a darte explicaciones cursis y te vas a
arrepentir de haber hecho esa pregunta. O sea, con qué cara me preguntas
eso si sabes que me tienes enganchado a ti. ¿Quieres que sea más
explícito y describa la forma en que un beso tuyo me pasa de vueltas
cuando me lo das tan sensual y tan despacito? Puedo comenzar a decir
cosas así si así lo quieres.
Puedo confesarte que me encanta la forma en
que tu boca resbala por mis labios en el último segundo del beso. Puedo
decir, para que ya no me vuelvas a preguntar, cómo vive la ciencia y
vive la poesía y vive mi lengua cuando siento tu lengua sobre la lengua
mía. Sabes, oye pequeñita, que puedo responderte esa pregunta de mil
maneras que harán que repliques simplemente con un "ay", y aun así me
preguntas.
Qué descaro, mujer. Qué tal raza. Pero vas a ver, cuando te
bese y te abrace, por qué es que te digo que quiero hacerlo. Básicamente
porque, cuando te beso y te abrazo, ya no soy yo y ya no estoy en
ningún lado. Me gusta porque, cuando te beso y te abrazo, soy
simplemente un beso y un abrazo.
miércoles, 10 de abril de 2013
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario