Miro mi reflejo. Lo reconozco y le reconzco la cara de imbécil que cuenta todo lo mal que le va. O, mejor dicho, todo lo mal que le fue. "Ya, huevón, si no puedes cambiar el pasado, cambia de cara". No me escucha el reflejo infeliz. Sigue con la misma jeta y yo no entiendo nada desde este lado. Se supone que soy yo, pero lo tengo claro. Tengo claro que no debo estar así, pero mis gestos me contradicen. Tal vez si lo digo más fuerte funciona.
"¡Ya desahuévate! Fuiste un cagón y la cagaste y ya no hay mucho que puedas hacer, ¡asume y sobreponte!"... Ni mierda.
Así pasa y así ha pasado muchas veces. Solemos tener claro qué es lo que queremos y qué es lo que debemos hacer para lograrlo, pero hacemos todo lo contrario. Una cagada. Hacemos todo aquello que va a provocar la consecuencia que menos deseamos. No como si fuésemos un Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Así no. Esas son dos personalidades distintas solamente. Actuamos en realidad como si tuviéramos adentro de nosotros a un Mozart y a un Salieri al mismo tiempo. Uno con toda la capacidad para lograr las cosas que queremos y otro con toda la habilidad para boicotear cualquier buena intención.
Freud decía que había pulsiones de Eros y pulsiones de Tánatos. Quizás es lo mismo, ¡pero qué mierda! ¿De qué mierda sirve saber los conceptos si igual siempre te vas a terminar cagándote a ti mismo? O peor, ni siquiera los conceptos teóricos, ¡¿de qué chucha sirve saber todos los poemas o haber leído todos los cuentos que hablan de situaciones parecidas si igual terminamos haciendo lo que se supone que no debemos hacer?!
En serio, ¿de qué sirve tanta figura y tanto equipaje y tanto aire si en realidad no hay puentes que hagan menos hondo un abismo?
Cada cual tiene su propio precipicio. Cada cual cae en él siempre que quiere arruinarse un poco. Cada cual sale en el tiempo que le corresponde solo para después volver a tirarse. El mío sigue ahí, al otro lado del espejo y me mira. ¿Entonces qué? Supongo que habrá que irse un poco a la mierda. Después ya se verá.
jueves, 19 de septiembre de 2013
miércoles, 10 de abril de 2013
¿Por qué quiero besarte?
Y entonces te atreves a preguntarme por qué. "¿Por qué?". Yo me pregunto entonces,
porque tengo el derecho de hacerlo, por qué me preguntas eso.
¿En serio no sabes por qué quiero besarte y apachurrarte en un abrazo? Mira, chiquita , que puedo ponerme a darte explicaciones cursis y te vas a arrepentir de haber hecho esa pregunta. O sea, con qué cara me preguntas eso si sabes que me tienes enganchado a ti. ¿Quieres que sea más explícito y describa la forma en que un beso tuyo me pasa de vueltas cuando me lo das tan sensual y tan despacito? Puedo comenzar a decir cosas así si así lo quieres.
Puedo confesarte que me encanta la forma en que tu boca resbala por mis labios en el último segundo del beso. Puedo decir, para que ya no me vuelvas a preguntar, cómo vive la ciencia y vive la poesía y vive mi lengua cuando siento tu lengua sobre la lengua mía. Sabes, oye pequeñita, que puedo responderte esa pregunta de mil maneras que harán que repliques simplemente con un "ay", y aun así me preguntas.
Qué descaro, mujer. Qué tal raza. Pero vas a ver, cuando te bese y te abrace, por qué es que te digo que quiero hacerlo. Básicamente porque, cuando te beso y te abrazo, ya no soy yo y ya no estoy en ningún lado. Me gusta porque, cuando te beso y te abrazo, soy simplemente un beso y un abrazo.
¿En serio no sabes por qué quiero besarte y apachurrarte en un abrazo? Mira, chiquita , que puedo ponerme a darte explicaciones cursis y te vas a arrepentir de haber hecho esa pregunta. O sea, con qué cara me preguntas eso si sabes que me tienes enganchado a ti. ¿Quieres que sea más explícito y describa la forma en que un beso tuyo me pasa de vueltas cuando me lo das tan sensual y tan despacito? Puedo comenzar a decir cosas así si así lo quieres.
Puedo confesarte que me encanta la forma en que tu boca resbala por mis labios en el último segundo del beso. Puedo decir, para que ya no me vuelvas a preguntar, cómo vive la ciencia y vive la poesía y vive mi lengua cuando siento tu lengua sobre la lengua mía. Sabes, oye pequeñita, que puedo responderte esa pregunta de mil maneras que harán que repliques simplemente con un "ay", y aun así me preguntas.
Qué descaro, mujer. Qué tal raza. Pero vas a ver, cuando te bese y te abrace, por qué es que te digo que quiero hacerlo. Básicamente porque, cuando te beso y te abrazo, ya no soy yo y ya no estoy en ningún lado. Me gusta porque, cuando te beso y te abrazo, soy simplemente un beso y un abrazo.
domingo, 17 de febrero de 2013
Lo que son las cosas
Qué huevada, ¿no? En el buen sentido, qué huevada. Uno se alucina en una coraza indestructible y antiromántica y, cuando menos se lo espera, después de un viaje en taxi, se da cuenta que se ha tomado el vino más raro que encontró y que está escribiendo, al borde de las cinco de la mañana, un correo que tal vez nunca va a conocer el botón Enviar. Pero así sucede sin que uno se dé ni la más mínima cuenta. Para bien o para mal. Lo que son las cosas.
"Te quiero porque me gustas.
Porque eres cómoda cuando cuando me das la mano, cuando te apoyas en mi hombro.
Porque la primera vez que te besé sentí que ya lo había hecho antes.
Te quiero porque cuando te di mi primera especie de carta me dijiste que habías sentido como si leyeras a Cortázar y eso es algo que nadie me había dicho nunca.
Porque me haces escribir y ser más detallista en cada palabra que uso y en cada forma que dispongo mis palabras.
Te quiero porque hay combinaciones de palabras que, si salen de tu boca, son las mejores frases que puedo oír.
Porque me dijiste un 'te amo' un jueves.
Porque pocos minutos después de un jueves me dijiste en un taxi que querías vivir conmigo.
Te quiero porque me sorprende que después de un día feo de trabajo en vez de hacer un viaje de veinte minutos para descansar en tu casa, elijas hacer un recorrido de casi una hora para verme y volver a tu casa más tarde y más cansada.
Te quiero porque antes eras imposible e inalcanzable y ahora hay veces que duermes a mi costado.
Porque te he escuchado roncar.
Porque me has tenido dormido y roncando y no me despertaste para nada.
Te quiero porque no te da miedo ir hacia mi pecho cuando estás cansada o estás triste o a punto de llorar.
Porque me ofreces tu abrazo si es que yo soy el que está triste.
Porque me abrazas si es que lloro.
Porque me has hecho regalos que no esperaba.
Porque me has hecho hacer cosas que no me imaginaba haciendo.
Te quiero porque tu compañía es la mejor excusa para cualquier cosa, y viceversa.
Te quiero porque viceversa.
Te quiero porque te quiero y no se me ocurre que ahora pueda ser de otra manera.
Te quiero porque aún sin todas estas razones yo igual te seguiría queriendo..."
Y entonces, anónimamente, mariconamente, uno se ahorra todas las explicaciones y los juicios y se guarda el producto de esos febriles quince minutos. Así nomás. Y así nomás uno se va a la mierda, que no es tan mala.
"Te quiero porque me gustas.
Porque eres cómoda cuando cuando me das la mano, cuando te apoyas en mi hombro.
Porque la primera vez que te besé sentí que ya lo había hecho antes.
Te quiero porque cuando te di mi primera especie de carta me dijiste que habías sentido como si leyeras a Cortázar y eso es algo que nadie me había dicho nunca.
Porque me haces escribir y ser más detallista en cada palabra que uso y en cada forma que dispongo mis palabras.
Te quiero porque hay combinaciones de palabras que, si salen de tu boca, son las mejores frases que puedo oír.
Porque me dijiste un 'te amo' un jueves.
Porque pocos minutos después de un jueves me dijiste en un taxi que querías vivir conmigo.
Te quiero porque me sorprende que después de un día feo de trabajo en vez de hacer un viaje de veinte minutos para descansar en tu casa, elijas hacer un recorrido de casi una hora para verme y volver a tu casa más tarde y más cansada.
Te quiero porque antes eras imposible e inalcanzable y ahora hay veces que duermes a mi costado.
Porque te he escuchado roncar.
Porque me has tenido dormido y roncando y no me despertaste para nada.
Te quiero porque no te da miedo ir hacia mi pecho cuando estás cansada o estás triste o a punto de llorar.
Porque me ofreces tu abrazo si es que yo soy el que está triste.
Porque me abrazas si es que lloro.
Porque me has hecho regalos que no esperaba.
Porque me has hecho hacer cosas que no me imaginaba haciendo.
Te quiero porque tu compañía es la mejor excusa para cualquier cosa, y viceversa.
Te quiero porque viceversa.
Te quiero porque te quiero y no se me ocurre que ahora pueda ser de otra manera.
Te quiero porque aún sin todas estas razones yo igual te seguiría queriendo..."
Y entonces, anónimamente, mariconamente, uno se ahorra todas las explicaciones y los juicios y se guarda el producto de esos febriles quince minutos. Así nomás. Y así nomás uno se va a la mierda, que no es tan mala.
martes, 12 de febrero de 2013
El sol puede salir
Aguanta, carajo. Eso es lo que debería decirte. Aguanta porque eres talentosa, eres inteligente y eres bellísima. Y no te digo esto último porque quiera anotar puntos contigo ni que te fijes en mí ni nada. Te lo digo porque en verdad eres bellísima. Aunque esto ni siquiera importe. Igual aguanta, carajo.
Nadie sabe la manera en que nadie sufre, pero hay algo cierto sobre el sufrimiento: se acaba. Se puede decir y se ha dicho de muchas formas. El momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer. Lo bueno de tocar fondo es que ya no se puede caer y el resto de camino es cuesta arriba. Rendirse no sirve para nada. Si ya no quieres hacer ningún esfuerzo, o si ningún esfuerzo vale la pena, descansa. Descansa pero no te rindas, linda. Ningún grito te debe callar. No hay persona que en verdad deba hacerte sentir menos de lo que eres.
Y mira, guapa, que en este mundo deberías tener las de ganar. Ya te dije, eres lindísima. Cuántas chicas darían mucho por tener tus ojos y tu nariz y tu boca y tu gracia. Pero no solo eso. Mejor todavía. Además de ser lindísima, eres muy capa en todo lo que haces. Entonces qué carajos. Solo puedo imaginar que te estás concentrando en lo malo. Y siempre va a haber cosas malas. Sálvate de las cosas peores (no te vas a salvar de cosas peores, mi niña, pero inténtalo). Ten en cuenta, aunque no ayude mucho, que debe haber gente que está más cagado que nosotros. Que tú. Que yo.
Dices que no tienes nada. ¡Perfecto, pues! Si no tienes nada, no tienes nada que perder. Anda donde el muchacho y dile que te gusta. Que se deje de huevadas y buenos modales y respuestas esquivas y que, putamadre, por fin sean los dos directos. (Aún así, mujer, te tengo que decir que tienes mucho más de lo que crees)
Yo no voy a darte consejos en verdad, pero quiero animarte a que te olvides de concentrarte en lo malo que te pasa. Eso no debe ser un problema. Si no tiene solución, para qué te preocupas. Y, sabes qué, ni siquiera te voy a decir que esperes a que todo sea caca, a que la noche esté totalmente oscura, para recién empezar el camino cuesta arriba, el trote hacia el amanecer. A la mierda eso. Linda, en verdad, aunque no lo creas, en medio de la noche más oscura el sol puede salir. Va a sorprender. Pero por favor aguanta, carajo. No te rindas. No voy a abrazarte pero quiero. No voy a decírtelo a los ojos, pero he puesto acá todo lo que creo conveniente para que lo sientas así. El sol puede salir, chica. El sol, cuando sea, puede salir.
Vayámonos a la mierda, pero a la divertida.
Ahí donde no tengamos nada ni nada que perder (qué mejor fortuna).
Nadie sabe la manera en que nadie sufre, pero hay algo cierto sobre el sufrimiento: se acaba. Se puede decir y se ha dicho de muchas formas. El momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer. Lo bueno de tocar fondo es que ya no se puede caer y el resto de camino es cuesta arriba. Rendirse no sirve para nada. Si ya no quieres hacer ningún esfuerzo, o si ningún esfuerzo vale la pena, descansa. Descansa pero no te rindas, linda. Ningún grito te debe callar. No hay persona que en verdad deba hacerte sentir menos de lo que eres.
Y mira, guapa, que en este mundo deberías tener las de ganar. Ya te dije, eres lindísima. Cuántas chicas darían mucho por tener tus ojos y tu nariz y tu boca y tu gracia. Pero no solo eso. Mejor todavía. Además de ser lindísima, eres muy capa en todo lo que haces. Entonces qué carajos. Solo puedo imaginar que te estás concentrando en lo malo. Y siempre va a haber cosas malas. Sálvate de las cosas peores (no te vas a salvar de cosas peores, mi niña, pero inténtalo). Ten en cuenta, aunque no ayude mucho, que debe haber gente que está más cagado que nosotros. Que tú. Que yo.
Dices que no tienes nada. ¡Perfecto, pues! Si no tienes nada, no tienes nada que perder. Anda donde el muchacho y dile que te gusta. Que se deje de huevadas y buenos modales y respuestas esquivas y que, putamadre, por fin sean los dos directos. (Aún así, mujer, te tengo que decir que tienes mucho más de lo que crees)
Yo no voy a darte consejos en verdad, pero quiero animarte a que te olvides de concentrarte en lo malo que te pasa. Eso no debe ser un problema. Si no tiene solución, para qué te preocupas. Y, sabes qué, ni siquiera te voy a decir que esperes a que todo sea caca, a que la noche esté totalmente oscura, para recién empezar el camino cuesta arriba, el trote hacia el amanecer. A la mierda eso. Linda, en verdad, aunque no lo creas, en medio de la noche más oscura el sol puede salir. Va a sorprender. Pero por favor aguanta, carajo. No te rindas. No voy a abrazarte pero quiero. No voy a decírtelo a los ojos, pero he puesto acá todo lo que creo conveniente para que lo sientas así. El sol puede salir, chica. El sol, cuando sea, puede salir.
Vayámonos a la mierda, pero a la divertida.
Ahí donde no tengamos nada ni nada que perder (qué mejor fortuna).
jueves, 17 de diciembre de 2009
Planear es recortar
Desde hace poco más de un año tengo una clara idea acerca de los planes: planear es recortar. Es recortar porque, por lo general, cuando planeamos algo, dejamos de lado aquellas cosas que pueden pasar fortuitamente, de la nada. Y son precisamente estas sorpresas las que hacen genial a los días. Una vida sin hechos inesperados es muy poco divertida.
Otra cosa que recortan los planes es la posibilidad de poder ir haciendo más cosas. Porque los planes solo nos enfocan a aquello a lo que están destinados a enfocarnos y no nos queda tiempo para aventurarnos a nada más. Si planeo hacer un negocio de donde sacar dinero, solo voy a estar pensando en hacer dinero y voy a dejar varias prácticas maravillosas de lado. Es como recortar una foto: si solo te concentras en un pequeño detalle, te pierdes la verdadera belleza. Y a mí no me gustan los detalles, me gustan los paisajes enteros. No hay que ser aburridos, pues.
-Disculpen, por favor, la falta de malos modales por estas líneas. He estado fuera de práctica y este blog quedó bien desamparado. Prometo ser más grosero la próxima vez. Con su permiso, me voy a la mierda (que, ya saben, no es tan mala...)-
Otra cosa que recortan los planes es la posibilidad de poder ir haciendo más cosas. Porque los planes solo nos enfocan a aquello a lo que están destinados a enfocarnos y no nos queda tiempo para aventurarnos a nada más. Si planeo hacer un negocio de donde sacar dinero, solo voy a estar pensando en hacer dinero y voy a dejar varias prácticas maravillosas de lado. Es como recortar una foto: si solo te concentras en un pequeño detalle, te pierdes la verdadera belleza. Y a mí no me gustan los detalles, me gustan los paisajes enteros. No hay que ser aburridos, pues.
-Disculpen, por favor, la falta de malos modales por estas líneas. He estado fuera de práctica y este blog quedó bien desamparado. Prometo ser más grosero la próxima vez. Con su permiso, me voy a la mierda (que, ya saben, no es tan mala...)-
viernes, 16 de octubre de 2009
"Que todo salga mal no es tan malo..."
"Al llegar el viernes me siento mejor,
la semana que viene nunca llegó.
¿Por qué me dices que soy tan raro?
Que todo salga mal no es tan malo."
'Otra tarde' - Los secretos (Los secretos - 1981)
Toda persona suele tener un momento en su vida en el que parece que ciertas cosas sólo pueden cagarse más. En mi caso, la salud, el 'entrenimiento' y el 'amor' parecían ser temas en los que todo el camino sería cuesta abajo por un buen tiempo. Paso a explicarme: en mayo de 2007 me internaron por problemas respiratorios y me hicieron una operación que me dejó varios días en cama; esto hizo que, por cuestiones de recuperación, me alejara de los lugares que solía visitar para no pensar tanto en una chica que me gustaba bastante; pensar más en esta chica hizo que las cosas se me complicaran (ella era la típica 'popular' y casi inalcanzable, y, si yo estaba cagado por ella, mi mejor amigo estaba cien veces más cagado también por ella), para no 'traicionar' a mi amigo tenía que reprimirme todo. No sé si fue muy inteligente, pero fue lo que hice y no me arrepiento, porque lo mejor vino después. Era la madrugada del jueves, en el canal 6 estaban pasando un programa repetido del desaparecido Jammin’, yo estaba en pijamas, Wicho de Mar de copas aparece en la pantalla de mi televisor y dice esas palabras: “que todo salga mal no es tan malo”. Era, decía el hombre de las gorritas, su frase favorita, ‘el clímax de esa canción’, según él. Le empecé a dar la razón en todo. La frase se estableció en el nick de mi messenger desde ese entonces y se convirtió en una forma de pensar. Comencé a relacionar todo lo que me pasaba con este verso.
la semana que viene nunca llegó.
¿Por qué me dices que soy tan raro?
Que todo salga mal no es tan malo."
'Otra tarde' - Los secretos (Los secretos - 1981)
Toda persona suele tener un momento en su vida en el que parece que ciertas cosas sólo pueden cagarse más. En mi caso, la salud, el 'entrenimiento' y el 'amor' parecían ser temas en los que todo el camino sería cuesta abajo por un buen tiempo. Paso a explicarme: en mayo de 2007 me internaron por problemas respiratorios y me hicieron una operación que me dejó varios días en cama; esto hizo que, por cuestiones de recuperación, me alejara de los lugares que solía visitar para no pensar tanto en una chica que me gustaba bastante; pensar más en esta chica hizo que las cosas se me complicaran (ella era la típica 'popular' y casi inalcanzable, y, si yo estaba cagado por ella, mi mejor amigo estaba cien veces más cagado también por ella), para no 'traicionar' a mi amigo tenía que reprimirme todo. No sé si fue muy inteligente, pero fue lo que hice y no me arrepiento, porque lo mejor vino después. Era la madrugada del jueves, en el canal 6 estaban pasando un programa repetido del desaparecido Jammin’, yo estaba en pijamas, Wicho de Mar de copas aparece en la pantalla de mi televisor y dice esas palabras: “que todo salga mal no es tan malo”. Era, decía el hombre de las gorritas, su frase favorita, ‘el clímax de esa canción’, según él. Le empecé a dar la razón en todo. La frase se estableció en el nick de mi messenger desde ese entonces y se convirtió en una forma de pensar. Comencé a relacionar todo lo que me pasaba con este verso.
No demoré mucho en captar todo el sentido de estas palabras. Me di cuenta, en ese mismo instante que nada podía ser tan cierto. Entendí que, en verdad, nada podía ser totalmente malo. Nada podía cagarme totalmente. Nada podía dejar de tener un lado bueno, un algo productivo.
Con el tiempo, hice una variación que complementaba esta suerte de aforismo. Pero eso será motivo de otras malas palabras. Me voy a la mierda. Chau.
Con el tiempo, hice una variación que complementaba esta suerte de aforismo. Pero eso será motivo de otras malas palabras. Me voy a la mierda. Chau.
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