Qué huevada, ¿no? En el buen sentido, qué huevada. Uno se alucina en una coraza indestructible y antiromántica y, cuando menos se lo espera, después de un viaje en taxi, se da cuenta que se ha tomado el vino más raro que encontró y que está escribiendo, al borde de las cinco de la mañana, un correo que tal vez nunca va a conocer el botón Enviar. Pero así sucede sin que uno se dé ni la más mínima cuenta. Para bien o para mal. Lo que son las cosas.
"Te quiero porque me gustas.
Porque eres cómoda cuando cuando me das la mano, cuando te apoyas en mi hombro.
Porque la primera vez que te besé sentí que ya lo había hecho antes.
Te
quiero porque cuando te di mi primera especie de carta me dijiste que habías sentido como si leyeras a Cortázar y eso es algo que nadie me había
dicho nunca.
Porque me haces escribir y ser más detallista en cada palabra que uso y en cada forma que dispongo mis palabras.
Te quiero porque hay combinaciones de palabras que, si salen de tu boca, son las mejores frases que puedo oír.
Porque me dijiste un 'te amo' un jueves.
Porque pocos minutos después de un jueves me dijiste en un taxi que querías vivir conmigo.
Te
quiero porque me sorprende que después de un día feo de trabajo en vez
de hacer un viaje de veinte minutos para descansar en tu casa, elijas
hacer un recorrido de casi una hora para verme y volver a tu casa más
tarde y más cansada.
Te quiero porque antes eras imposible e inalcanzable y ahora hay veces que duermes a mi costado.
Porque te he escuchado roncar.
Porque me has tenido dormido y roncando y no me despertaste para nada.
Te quiero porque no te da miedo ir hacia mi pecho cuando estás cansada o estás triste o a punto de llorar.
Porque me ofreces tu abrazo si es que yo soy el que está triste.
Porque me abrazas si es que lloro.
Porque me has hecho regalos que no esperaba.
Porque me has hecho hacer cosas que no me imaginaba haciendo.
Te quiero porque tu compañía es la mejor excusa para cualquier cosa, y viceversa.
Te quiero porque viceversa.
Te quiero porque te quiero y no se me ocurre que ahora pueda ser de otra manera.
Te quiero porque aún sin todas estas razones yo igual te seguiría queriendo..."
Y entonces, anónimamente, mariconamente, uno se ahorra todas las explicaciones y los juicios y se guarda el producto de esos febriles quince minutos. Así nomás. Y así nomás uno se va a la mierda, que no es tan mala.
domingo, 17 de febrero de 2013
martes, 12 de febrero de 2013
El sol puede salir
Aguanta, carajo. Eso es lo que debería decirte. Aguanta porque eres talentosa, eres inteligente y eres bellísima. Y no te digo esto último porque quiera anotar puntos contigo ni que te fijes en mí ni nada. Te lo digo porque en verdad eres bellísima. Aunque esto ni siquiera importe. Igual aguanta, carajo.
Nadie sabe la manera en que nadie sufre, pero hay algo cierto sobre el sufrimiento: se acaba. Se puede decir y se ha dicho de muchas formas. El momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer. Lo bueno de tocar fondo es que ya no se puede caer y el resto de camino es cuesta arriba. Rendirse no sirve para nada. Si ya no quieres hacer ningún esfuerzo, o si ningún esfuerzo vale la pena, descansa. Descansa pero no te rindas, linda. Ningún grito te debe callar. No hay persona que en verdad deba hacerte sentir menos de lo que eres.
Y mira, guapa, que en este mundo deberías tener las de ganar. Ya te dije, eres lindísima. Cuántas chicas darían mucho por tener tus ojos y tu nariz y tu boca y tu gracia. Pero no solo eso. Mejor todavía. Además de ser lindísima, eres muy capa en todo lo que haces. Entonces qué carajos. Solo puedo imaginar que te estás concentrando en lo malo. Y siempre va a haber cosas malas. Sálvate de las cosas peores (no te vas a salvar de cosas peores, mi niña, pero inténtalo). Ten en cuenta, aunque no ayude mucho, que debe haber gente que está más cagado que nosotros. Que tú. Que yo.
Dices que no tienes nada. ¡Perfecto, pues! Si no tienes nada, no tienes nada que perder. Anda donde el muchacho y dile que te gusta. Que se deje de huevadas y buenos modales y respuestas esquivas y que, putamadre, por fin sean los dos directos. (Aún así, mujer, te tengo que decir que tienes mucho más de lo que crees)
Yo no voy a darte consejos en verdad, pero quiero animarte a que te olvides de concentrarte en lo malo que te pasa. Eso no debe ser un problema. Si no tiene solución, para qué te preocupas. Y, sabes qué, ni siquiera te voy a decir que esperes a que todo sea caca, a que la noche esté totalmente oscura, para recién empezar el camino cuesta arriba, el trote hacia el amanecer. A la mierda eso. Linda, en verdad, aunque no lo creas, en medio de la noche más oscura el sol puede salir. Va a sorprender. Pero por favor aguanta, carajo. No te rindas. No voy a abrazarte pero quiero. No voy a decírtelo a los ojos, pero he puesto acá todo lo que creo conveniente para que lo sientas así. El sol puede salir, chica. El sol, cuando sea, puede salir.
Vayámonos a la mierda, pero a la divertida.
Ahí donde no tengamos nada ni nada que perder (qué mejor fortuna).
Nadie sabe la manera en que nadie sufre, pero hay algo cierto sobre el sufrimiento: se acaba. Se puede decir y se ha dicho de muchas formas. El momento más oscuro de la noche es justo antes del amanecer. Lo bueno de tocar fondo es que ya no se puede caer y el resto de camino es cuesta arriba. Rendirse no sirve para nada. Si ya no quieres hacer ningún esfuerzo, o si ningún esfuerzo vale la pena, descansa. Descansa pero no te rindas, linda. Ningún grito te debe callar. No hay persona que en verdad deba hacerte sentir menos de lo que eres.
Y mira, guapa, que en este mundo deberías tener las de ganar. Ya te dije, eres lindísima. Cuántas chicas darían mucho por tener tus ojos y tu nariz y tu boca y tu gracia. Pero no solo eso. Mejor todavía. Además de ser lindísima, eres muy capa en todo lo que haces. Entonces qué carajos. Solo puedo imaginar que te estás concentrando en lo malo. Y siempre va a haber cosas malas. Sálvate de las cosas peores (no te vas a salvar de cosas peores, mi niña, pero inténtalo). Ten en cuenta, aunque no ayude mucho, que debe haber gente que está más cagado que nosotros. Que tú. Que yo.
Dices que no tienes nada. ¡Perfecto, pues! Si no tienes nada, no tienes nada que perder. Anda donde el muchacho y dile que te gusta. Que se deje de huevadas y buenos modales y respuestas esquivas y que, putamadre, por fin sean los dos directos. (Aún así, mujer, te tengo que decir que tienes mucho más de lo que crees)
Yo no voy a darte consejos en verdad, pero quiero animarte a que te olvides de concentrarte en lo malo que te pasa. Eso no debe ser un problema. Si no tiene solución, para qué te preocupas. Y, sabes qué, ni siquiera te voy a decir que esperes a que todo sea caca, a que la noche esté totalmente oscura, para recién empezar el camino cuesta arriba, el trote hacia el amanecer. A la mierda eso. Linda, en verdad, aunque no lo creas, en medio de la noche más oscura el sol puede salir. Va a sorprender. Pero por favor aguanta, carajo. No te rindas. No voy a abrazarte pero quiero. No voy a decírtelo a los ojos, pero he puesto acá todo lo que creo conveniente para que lo sientas así. El sol puede salir, chica. El sol, cuando sea, puede salir.
Vayámonos a la mierda, pero a la divertida.
Ahí donde no tengamos nada ni nada que perder (qué mejor fortuna).
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